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El arte contemporáneo en las iglesias: acoger, discernir, dialogar

El arte contemporáneo en las iglesias: acoger, discernir, dialogar

2 octubre 2026

¿Qué sucede cuando una obra decididamente contemporánea ocupa un lugar en una iglesia? Puede suscitar admiración, sorpresa o desconcierto, y en ocasiones provocar rechazo. En La Iglesia y los artistas contemporáneos. Los desafíos de la creación contemporánea en las iglesias, Frédéric Curnier-Laroche explora la compleja relación entre creación artística, tradición cristiana y responsabilidad eclesial. A través de diversas experiencias, tanto afortunadas como conflictivas, invita a superar la cuestión del gusto para recuperar las condiciones de un verdadero diálogo entre la Iglesia y los artistas.

Una obra contemporánea situada en una iglesia nunca es exactamente una obra como las demás. Entra en un espacio habitado por una historia, una comunidad, una liturgia y una fe. Sin embargo, sigue siendo también una creación artística, dotada de libertad, de un lenguaje propio y, en ocasiones, de una poderosa capacidad de ruptura.

Esta tensión es precisamente la que el libro de Frédéric Curnier-Laroche se propone explorar. ¿Cómo acoger la creación sin pedir al artista que reproduzca las formas del pasado? Y, a la inversa, ¿cómo respetar la finalidad particular de un edificio religioso sin reducir toda intervención artística a una simple decoración? Detrás de estas cuestiones estéticas aparecen desafíos más profundos: la relación con la tradición, el ejercicio de la autoridad, la libertad del creador y la posibilidad misma de transmitir la fe mediante formas nuevas.

Assy: cuando la novedad provoca escándalo

La iglesia de Notre-Dame-de-Toute-Grâce, en la meseta de Assy, constituye, a este respecto, un episodio emblemático de la historia del arte sacro del siglo XX. En torno al arquitecto Maurice Novarina y al dominico Marie-Alain Couturier fueron convocados algunos de los grandes artistas de su tiempo. Fernand Léger realizó para la fachada un inmenso mosaico dedicado a la Virgen. El autor subraya un aspecto esencial: aunque Léger se encontraba alejado de la fe católica, fue capaz de crear una obra que entra profundamente en resonancia con el lugar. La cuestión no consiste, por tanto, en saber ante todo si el artista pertenece al mundo eclesial, sino en reconocer lo que su talento propio puede hacer surgir.

La recepción del Cristo de Germaine Richier fue mucho más violenta. Este cuerpo demacrado y casi desfigurado rompe radicalmente con las representaciones convencionales del Crucificado. Retirada del coro en 1951 tras una intensa polémica, la obra obliga, no obstante, a contemplar la Pasión de otro modo: ya no a través de un cuerpo idealizado, sino desde la proximidad de Cristo a toda humanidad sufriente.

El conflicto revela así una cuestión decisiva: ¿debe una obra cristiana ajustarse ante todo a una representación heredada, o puede abrir un camino inédito hacia el misterio que pretende significar?

Grignan: permitir que la luz transforme el espacio

Más de sesenta años después de Assy, la intervención de Ann Veronica Janssens en la capilla de Saint-Vincent de Grignan ofrece un ejemplo completamente distinto. Desde su origen, el proyecto fue concebido como un conjunto: las vidrieras, la luz, el mobiliario y la arquitectura debían dialogar entre sí. La artista eligió bloques de vidrio coloreado cuyos tonos varían según las horas del día: rosa en el ábside, azul al norte, verde al sur y amarillo anaranjado en el rosetón.

Aquí no hay ninguna escena bíblica ni figura de santo. Y, sin embargo, el espacio se vuelve profundamente propicio al recogimiento. La luz colorea los muros, desplaza las sombras y transforma continuamente la percepción de la capilla. A lo largo del día, el visitante ya no contempla únicamente una obra: entra en una experiencia.

Para Frédéric Curnier-Laroche, esta realización muestra precisamente que una expresión artística profundamente contemporánea puede responder a la vocación espiritual del lugar sin imitar las formas antiguas. La experiencia sensible puede convertirse en un camino hacia la contemplación.

En Boulogne-Billancourt, la confianza como método

El viacrucis realizado por Agathe Stefani y Aude Carré-Sourty para la iglesia de Sainte-Cécile de Boulogne-Billancourt pone de relieve otra dimensión: la calidad de la relación entre el comitente y el artista.

El proyecto nace del encuentro con una obra que conmueve profundamente al párroco. Cuando posteriormente encarga a las dos artistas un viacrucis, establece una única orientación: partir de los textos evangélicos. Para todo lo demás, decide confiar en ellas. No se exigen bocetos previos ni se establece una supervisión constante: se define el marco y, a continuación, la creación puede desarrollarse.

La pintura, el metal, la sombra, el vacío y la luz se convierten entonces en los elementos de un lenguaje común. La Escritura alimenta la creación sin imponerle una forma predeterminada. El ejemplo resulta especialmente esclarecedor: el diálogo verdadero no consiste ni en que la Iglesia renuncie a toda exigencia ni en que el artista trabaje sin relación alguna con el lugar y su finalidad. Supone que cada parte reconozca la competencia y la responsabilidad de la otra.

Del control al discernimiento

Este es probablemente uno de los hilos más estimulantes de la obra. Durante mucho tiempo, la cuestión del arte en las iglesias pudo abordarse principalmente desde la perspectiva del control: ¿es adecuada la obra?, ¿es conforme?, ¿es suficientemente explícita en su carácter religioso? Frédéric Curnier-Laroche propone desplazar la cuestión. Identifica varios criterios: reconocer, en primer lugar, el genio propio del artista; considerar la capacidad de la obra para abrirse al misterio, en lugar de evaluar únicamente su conformidad con modelos establecidos; aceptar la aparición de formas nuevas; y, por último, replantear el ejercicio mismo de la autoridad eclesial.

No se trata, por tanto, de eliminar el discernimiento, sino, por el contrario, de profundizarlo.

Este desplazamiento exige, sin embargo, una cultura del diálogo. El autor insiste así en el papel de las comisiones diocesanas de arte sacro, pero también en la formación de los clérigos y de los fieles, en el respeto de las competencias y, sobre todo, en el contacto real con los artistas.

La creación contemporánea obliga finalmente a la Iglesia a afrontar una cuestión que supera ampliamente el ámbito artístico: ¿cómo permanecer fiel a lo que ha recibido sin confundir esta fidelidad con la repetición? Por su parte, el artista puede descubrir en la iglesia algo distinto de un espacio expositivo: un lugar habitado, en el que su obra entra en relación con una comunidad, una memoria y una expectativa espiritual. Entre la Iglesia y los artistas, el desafío quizá no consista en alcanzar demasiado rápidamente un acuerdo. Consiste, ante todo, en hacer posible el encuentro. Porque, cuando cada uno acepta escuchar el lenguaje del otro, la creación contemporánea puede hacer algo más que entrar en una iglesia: puede contribuir, todavía hoy, a abrir un espacio para el misterio.

Información adicional

Adquiera el libro en versión impresa y digital aquí.

Descubra los cursos impartidos por el profesor Frédéric Curnier-Laroche, disponibles en francés:

- La théologie de l'image
- La Bible dans l'art I
- La Bible dans l'art II
- Une histoire de l'art en son contexte I : La préhistoire et les civilisations anciennes (Europe - Afrique)
- Une histoire de l'art en son contexte II : ​L’art de la Grèce ancienne
- Une histoire de l'art en son contexte III : L'art romain, luxe républicain et impérial