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Heidegger frente a la modernidad: Entrevista con el autor Jacques Attoumbré
1 septiembre 2026
El pensamiento de Martin Heidegger sigue siendo uno de los más exigentes de la filosofía contemporánea. Sin embargo, ilumina con una sorprendente lucidez las cuestiones planteadas por nuestra civilización tecnológica. En Heidegger y la modernidad, Jacques Attoumbré Yoboua propone una lectura accesible de esta obra fundamental. En esta entrevista explica las razones que lo llevaron a escribir este libro, la vigencia actual de Heidegger y los desafíos que este pensamiento plantea a cada uno de nosotros.
Su libro propone una nueva lectura de Heidegger. ¿Por qué volver hoy a un filósofo que suele considerarse difícil y alejado de nuestras preocupaciones cotidianas?
Precisamente porque esa reputación es engañosa. Heidegger es, sin duda, un pensador exigente, pero aborda cuestiones que afectan a todos. Vivimos en un mundo donde la técnica ocupa un lugar central, donde las innovaciones se suceden a un ritmo sin precedentes y donde la eficiencia se ha convertido en un criterio casi universal. Heidegger se pregunta por las consecuencias profundas de esta evolución. No solo se pregunta qué nos permite hacer la técnica, sino también qué hace de nosotros.
He querido mostrar que su pensamiento no pertenece al pasado. Nos ofrece herramientas extraordinariamente actuales para comprender las transformaciones de nuestro tiempo y reflexionar sobre la manera en que queremos habitar el mundo.
Utiliza con frecuencia la palabra «modernidad». ¿Qué significa en su libro?
A menudo se reduce la modernidad a un período histórico o al progreso científico. Para Heidegger, la modernidad es, ante todo, una manera de comprender la realidad.
Poco a poco hemos aprendido a considerar el mundo como algo que debe organizarse, medirse, explotarse u optimizarse. Esta forma de pensar se ha vuelto tan habitual que nos parece natural. Sin embargo, transforma profundamente nuestra relación con los demás, con la naturaleza y, en última instancia, con nosotros mismos.
Comprender esta evolución es esencial si queremos recuperar una verdadera libertad frente a las lógicas que estructuran nuestra sociedad.
Muchos creen que Heidegger condena la técnica. ¿Es una interpretación fiel de su pensamiento?
No, y probablemente sea el malentendido más extendido.
Heidegger no se opone a las máquinas, a la ciencia ni a los avances tecnológicos. Reconoce plenamente su importancia. Lo que le preocupa es el momento en que la técnica deja de ser una herramienta para convertirse en la única forma de interpretar el mundo.
Cuando todo se valora únicamente por su eficacia, su rendimiento o su rentabilidad, corremos el riesgo de perder otras dimensiones esenciales de la existencia: la contemplación, la gratuidad, la belleza, la escucha y la capacidad de dejarnos sorprender por lo que existe.
La verdadera pregunta no es, por tanto: «¿Debemos rechazar la técnica?», sino: «¿Queremos que la técnica defina por completo nuestra manera de vivir?»
Su libro recorre también la historia de la filosofía occidental. ¿Por qué este recorrido por Descartes, Kant o Nietzsche?
Porque el propio Heidegger nunca piensa de manera aislada. Dialoga constantemente con los grandes filósofos que lo precedieron.
Descartes, Kant y Nietzsche representan cada uno una etapa decisiva en la formación de la modernidad. Heidegger muestra que, a pesar de sus diferencias, sus pensamientos forman parte de una historia común en la que la cuestión del ser va quedando progresivamente relegada.
Quise hacer accesible esta genealogía. Permite comprender que nuestra relación contemporánea con el mundo no surgió de la noche a la mañana. Es el resultado de una larga evolución intelectual.
Su obra establece con frecuencia un vínculo con las preocupaciones actuales. ¿Pensaba especialmente en la inteligencia artificial mientras la escribía?
La inteligencia artificial constituye, sin duda, uno de los ejemplos más llamativos de nuestro tiempo, pero es solo una ilustración entre muchas otras.
Los análisis de Heidegger también permiten comprender mejor la digitalización de nuestras sociedades, la explotación de los datos, la globalización económica o los desafíos ecológicos.
Lo que me interesa no es convertir a Heidegger en un profeta de la inteligencia artificial. Lo que quiero mostrar es que las preguntas que plantea siguen siendo extraordinariamente fecundas para pensar estas nuevas realidades. Nos invita a tomar distancia antes de celebrar o condenar las innovaciones.
Hay una expresión que aparece con frecuencia en su libro: «habitar el mundo». ¿Qué significa para usted?
Probablemente sea una de las intuiciones más bellas de Heidegger.
Habitar el mundo no significa simplemente vivir en un lugar. Significa reconocer que pertenecemos a un mundo que nos precede y que no podemos reducir a un simple conjunto de recursos disponibles.
Habitar implica una actitud de respeto, atención y responsabilidad. No somos propietarios del ser; somos sus guardianes.
Hoy esta idea adquiere una resonancia especial ante los desafíos ecológicos. Nos recuerda que el desarrollo humano no puede pensarse únicamente desde la perspectiva del dominio.
Su lectura de Heidegger insiste mucho en la dimensión ética de su obra.
Sí, porque esa dimensión a veces se subestima.
Con frecuencia se presenta a Heidegger como un filósofo del ser o del lenguaje. Sin embargo, su reflexión implica también una determinada manera de vivir. Si cambia nuestra relación con el mundo, también cambia nuestra relación con los demás.
Una sociedad que reduce todo al cálculo corre el riesgo de reducir también a las personas a su utilidad. Por el contrario, recuperar una relación más auténtica con el ser abre la posibilidad de una responsabilidad renovada hacia los demás, hacia la naturaleza y hacia las generaciones futuras.
Esta ética no se formula como un conjunto de normas. Nace de una manera distinta de habitar el mundo.
¿A quién va dirigido este libro?
He querido que pudiera ser leído tanto por estudiantes como por un público más amplio.
Muchos lectores desean descubrir a Heidegger, pero se sienten intimidados por la fama de dificultad de su obra. He intentado ofrecer una lectura progresiva, fiel a los textos y, al mismo tiempo, mostrar sus implicaciones concretas.
La filosofía no debería reservarse a los especialistas. Las grandes preguntas que plantea conciernen a toda persona que busca comprender el mundo en el que vive.
Si tuviera que resumir su libro en una sola pregunta, ¿cuál sería?
Diría esta: ¿Qué sucede con el ser humano cuando todo se convierte en objeto de cálculo?
Esta pregunta atraviesa toda la obra de Heidegger y, en mi opinión, conserva una actualidad extraordinaria.
Somos capaces de realizar logros científicos impresionantes. Desarrollamos tecnologías cada vez más poderosas. Pero estos avances solo tienen sentido si permanecen al servicio del ser humano.
La filosofía nos recuerda que lo esencial no consiste únicamente en aumentar nuestra capacidad de actuar, sino en comprender lo que significa realmente existir.
¿Qué mirada le gustaría que los lectores tuvieran sobre el mundo después de cerrar Heidegger y la modernidad?
No espero que compartan todas las ideas de Heidegger, ni siquiera todas las mías. Lo que deseo, sobre todo, es que se tomen el tiempo de hacerse preguntas.
Vivimos en una civilización que valora la aceleración permanente. La filosofía, por el contrario, nos invita a detenernos para comprender mejor lo que sucede ante nuestros ojos.
Si este libro ayuda al lector a mirar de otra manera la técnica, la naturaleza, a los demás y su propia existencia, habrá cumplido su objetivo. Heidegger nos recuerda que el ser humano no se define únicamente por lo que produce o domina. También se define por su capacidad de escuchar, de pensar y de habitar el mundo con responsabilidad. Quizá ahí resida, hoy más que nunca, el verdadero sentido de la modernidad.
Este libro está disponible en francés.
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