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[Rostros de Domuni] Dr. Maxime Allard, O.P.
10 abril 2026
[EPISODIO 12] – Dr. Maxime Allard, O.P.
Enseñar filosofía más allá de las fronteras: el compromiso de un dominico en el corazón de Domuni
Nacido en Quebec, Canadá, el Dr. Maxime Allard, O.P., doctor en filosofía y miembro de la Orden de Predicadores, vive hoy en Lovaina, Bélgica. Especialista en Tomás de Aquino y en filosofía de la religión, recorre el mundo —de Manila a Conakri, pasando por Saint-Louis— para enseñar y transmitir su saber, en particular a los estudiantes de Domuni Universitas.
Un proyecto pionero desde sus inicios
Mi primer contacto con Domuni Universitas se remonta a los inicios mismos de la institución, cuando el proyecto aún estaba en gestación. Mi encuentro con el Dr. Michel Van Aerde, O.P., en Canadá despertó inmediatamente mi interés.
En aquella época, ya contaba con experiencia en educación a distancia en África, siguiendo el modelo de UNISA (University of South Africa), que funcionaba esencialmente por correspondencia. Conocía sus fortalezas —permitir el acceso a la educación superior a públicos alejados—, pero también sus limitaciones: cargas administrativas, envíos masivos de documentos en papel y costos elevados.
A finales de los años noventa, percibí en el proyecto Domuni la posibilidad de articular esta intuición fundamental —alcanzar a los estudiantes impedidos de asistir a instituciones tradicionales— con las nuevas tecnologías digitales que comenzaban a transformar el ámbito académico. Consideré que valía la pena implicarme plenamente en este proyecto.
Llegar a quienes están lejos
Para mí, el principal punto fuerte de Domuni Universitas reside en su capacidad para llegar a personas que, en un amplio espacio geográfico, simplemente no tienen acceso a estudios en filosofía o teología.
Gracias a las plataformas de aprendizaje en línea, la universidad supera las fronteras físicas y sociales.
Una segunda ventaja se ha consolidado con el tiempo: la enseñanza multilingüe. Esta dimensión internacional amplía considerablemente el conjunto de docentes y estudiantes. Enriquece los intercambios, abre nuevas perspectivas y sitúa a la institución en una verdadera dinámica académica global.
El placer de enseñar de otra manera
En Domuni Universitas, no he impartido clases magistrales, sino seminarios. Y la palabra que me viene espontáneamente para describir mi experiencia es: placer.
El placer de trabajar con estudiantes que eligen estar presentes, que realmente desean aprender. El placer también de afrontar el desafío pedagógico que implica la distancia. Acostumbrado a grupos reducidos y a la interacción inmediata en modalidad presencial, tuve que replantear mi manera de enseñar.
Se trató de encontrar nuevas modalidades, de inventar caminos distintos para suscitar el diálogo y acompañar la reflexión. Estos desafíos resultan particularmente estimulantes.
Una misión en expansión
En sus inicios, Domuni Universitas respondía ante todo a las necesidades de quienes no tenían acceso a universidades establecidas. Hoy, su oferta se ha ampliado: diversidad de cursos, seminarios y enfoques.
Con un reconocimiento académico reforzado, la institución puede ahora llegar a un público mucho más amplio.
Desde mi perspectiva, incluso un estudiante inscrito en otra institución puede beneficiarse de algunos cursos ofrecidos por Domuni Universitas. La diversidad de enfoques en filosofía y teología constituye una riqueza que no necesariamente se encuentra en todos los departamentos tradicionales.
Consejos de un “profesor experimentado”
Con una sonrisa, evoco a veces “la ventaja de ser un profesor experimentado”. Los consejos dirigidos a los estudiantes son claros y exigentes.
En primer lugar, no limitarse nunca a lo que propone el docente. Leer más allá de las indicaciones. Explorar la literatura secundaria. Sobre todo, practicar una lectura personal, lenta y paciente —a veces exigente—. Nada sustituye el trabajo directo con los textos. No hay que temer dedicar tiempo a la lectura profunda de un texto.
En un contexto de educación a distancia, esta exigencia es aún mayor: el docente no está físicamente junto al estudiante para recorrer línea por línea una obra compleja. La autonomía del aprendizaje se vuelve esencial.
El segundo consejo refleja mi identidad canadiense y mi experiencia del bilingüismo: no temer leer en una segunda, e incluso en una tercera lengua, desde los primeros ciclos universitarios. No se piensa de la misma manera según la lengua en la que se lee. Abrirse a otros horizontes lingüísticos permite profundizar la comprensión de los textos.
Encuentros significativos
Entre los recuerdos que más me han marcado, pienso en una estudiante encontrada durante un seminario sobre Heidegger. Realizaba un trabajo notable y, con el paso de los años, continuó hasta el doctorado. A pesar de la distancia y de un formato de enseñanza que inicialmente tampoco me resultaba familiar, pude observar su progreso, su desarrollo como investigadora y su preparación para enseñar a su vez.
Recuerdo también los espacios de intercambio organizados al final de los seminarios: encuentros en pequeños grupos, a veces complejos de coordinar debido a los husos horarios, pero siempre enriquecedores. Varios estudiantes conectados desde distintos países y en diferentes momentos de sus trayectorias personales y profesionales, dialogando juntos sobre filosofía.
Una diversidad que no necesariamente habría encontrado en un aula tradicional compuesta por estudiantes de la misma edad y de un entorno académico similar.
Para mí, estas discusiones son profundamente estimulantes. Encarnan lo más valioso que puede ofrecer la educación en línea: una comunidad intelectual inesperada, ampliada y viva.
