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PATRIA (Miniserie de TV, 2020)

PATRIA (Miniserie de TV, 2020) 23 de Noviembre de 2020

En septiembre de 2016 se publicó una novela del donostiarra Fernando Aramburu con ese título, convirtiéndose desde entonces en un fenómeno editorial masivo, que hace tiempo superó el millón de ejemplares vendidos y las cuarenta ediciones. La leí, me pareció de calidad y me gustó, pero me pareció que le sobraban unas 100 páginas. La recuerdo bastante bien.

Ahora es también una miniserie de TV de ocho capítulos (2020, plataforma HBO), pero Aramburu se mantuvo en todo momento al margen del proyecto televisivo y le dijo a su creador: “Yo ya hice mi novela, ahora haz tú tu serie”. “Yo no espero ver en la pantalla mi novela, eso es un error”, asegura el novelista, quien admite: “Lo único que yo podría haber hecho en este proyecto es estorbar”.

     Tuve dudas cuando me enteré de que iban a realizar una miniserie de televisión adaptando un libro tan poderoso. Pero una vez vista, pienso que han logrado un buen resultado, una adaptación tan creíble como apasionante de ese relato denso, terrorífico, lleno de sombras y de algunas luces, de seres humanos en circunstancias permanentemente violentas y trágicas, de gente quebrada y a la deriva por el zarpazo de un monstruo llamado ETA que duró cinco décadas. Todo es verosímil. La buena ambientación, el castellano hablado por vascos (como son todos sus actores), si bien son un poco arquetipos de vasca/vasco, pero con peculiariedades personales, en un medio eminentemente matriarcal. Lo que se muestra y lo que se sugiere, la acción y la reflexión, la ausencia de maniqueísmo, la descripción de una pesadilla que parecía inacabable, los afectos traicionados, el silencio cómplice o temeroso del entorno hacia las víctimas, el fanatismo y sus brutales consecuencias, la amenaza, el odio y el consecuente pavor como protagonistas de una sociedad alarmantemente enferma.

     En su gran mayoría son buenas las interpretaciones de los actores, destacando las dos protagonistas: Elena Irureta (Bittori) y Ane Gabarain (Miren). Félix Viscarret dirige los cuatro primeros capítulos y Óscar Pedraza los restantes. Con mucho mérito, aunque el segundo se detiene un poco más en la evolución humana de los personajes. Detrás de todo ello hay un trabajo inteligente, cuidadoso y homérico del creador y guionista Aitor Gabilondo, con ritmo de serie televisiva y con abundantes flashbacks. Algunos personajes tienen comportamientos que no se entienden del todo ya que se han tenido que sintetizar e incorporar a un lenguaje cinematográfico.        

      No me ha convencido del todo el desarrollo cinematográfico del último capítulo por ser repetitivo innecesariamente de lo ya visto, si bien tiene unas escenas finales hermosas. Me ocurrió lo mismo con el de la, por otra parte excelente, Chernovyl.

     El pastel servido está coronado por un broche final que parecería ser ha molestado y hasta indignado a algunos. Todo les parece poco y todo les parece fallido, pues a menudo parece que los finales debieran ser sus finales y no los finales de quienes los pensaron, los escribieron y los llevaron a la pantalla. Expertos en el arte de recurrir a una pretendida coherencia, que suelen inventarse ellos mismos, saltan al cuello del que perpetró la presunta ignominia.

    Y es que es un abrazo casi como sin querer, como sin entender y, desde luego, sin programar. ¿Gesto simbólico de reencuentro, perdón y demás principios encomiables e improbables? Solo es un abrazo de comprensión y de solidaridad fugaz como un chispazo. Pienso que no hay otra cosa ni en la novela de Aramburu ni en el guión de Gabilondo. No es un final abierto, pues las heridas en unos y otros continúan estándolo. Es un final digno, desarmante… y de una lógica aplastante.

      Miniserie y novela plantean muchas preguntas: ¿qué es el olvido? ¿Tiene fecha de caducidad la memoria? ¿Cómo corregir una ruina moral? ¿El fin justifica los medios? En el caso de una banda de asesinos en serie con coartada ideológica como ETA, ¿no fue más bien al revés? ¿Es cierto que el dolor no tiene bando? ¿Los malos son malos hasta el fin de sus días, y los buenos, buenos? Y mil y una otras preguntas más fluyen bajo su trama.

    A Aramburu el haberse quedado al margen de la miniserie, no le impide desentenderse de ella pues ya constató en su día cómo la mayoría de la gran familia abertzale extendía un manto de silencio sobre su libro. Y es que en una mezcolanza de dejadez institucional, intereses políticos y pereza mental parecería haber como un tapón para que las nuevas generaciones no sepan qué pasó en Euskadi y en el resto de España durante medio siglo de Historia. Medio siglo en el que la organización terrorista asesinó a militares, policías, guardias civiles y municipales, ertzainas, gendarmes, políticos, empresarios, presuntos traficantes, presuntos chivatos (el eterno “algo habrá hecho”) o alguien que pasaba por ahí en el momento de la ráfaga o del coche bomba. Y en el que destacados mandos de las fuerzas policiales fueron condenados por torturas y el aparato del Estado puso en marcha una organización criminal para combatir a otra organización criminal. Quién sabe si -quizá es ingenuo suponer- Patria podrá quizá contribuir a subsanar esta amnesia colectiva.

 



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