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LA CASA GUCCI

LA CASA GUCCI 13 de Diciembre de 2021

 

Ridley Scott, señor de 83 años al que se le acumula el trabajo (hace un mes que se estrenó en España su anterior película, la notable El último duelo), era un convencido de que la historia de la Casa Gucci era un tema sabroso, por la naturaleza del mundo y los sucesos que lo configuraban. Podría pensarse que la película sobre ella es eso que se llama 'un encargo', pero no es exactamente así: se trata de un viejo proyecto que el director ya pretendió rodar hace quince años. Narraría la historia de tintes sórdidos, en una familia muy poderosa, triunfadora, con espectacular nivel de negocio y de vida. Sobre el papel se trataba de una sensacional historia de asesinato, locura, glamour y codicia (así aparece en el libro de Sara Gay Forden en el que se basa el guion). Así pues, una variedad de tintes y tonos para un folletín negro.

En el film La casa Gucci se cuentan muchas cosas: el afán de los miembros de esta “familia” por controlar el negocio, bobos con pretensiones y hábiles mercaderes, alguno que intentó mantenerse al margen de las luchas y que descubre la adicción al trono. Y en medio, una mujer inquietante, excéntrica y maniobrera que decide que el camino se puede atajar de forma letal. Pero en sus un poco largos 150 minutos de duración no se produce una empatía en el espectador. Sus intrigas son pobres y tampoco ayuda mucho el tono entre satírico y costumbrista que le imprime el director. Parecería tratar de componer en tono desaforadamente operístico de ópera bufa, un retrato de la más íntima miseria que alcanza a los privilegiados para, quizá desde ahí, acertar con la máxima quizá aureliana de que de todo, incluido lo más excelso, apesta. Es una tragicomedia rayada en la farsa de unos personajes corrompidos por la riqueza.

Pero el problema es la falta de foco que en todo momento luce este melodrama que también es crónica rosa, thriller y hasta comedia involuntaria, incapaz de decidirse por ser algo más que una colección de buenas actuaciones. El director vuelve a exhibir su facilidad para convertir cada plano en un deslumbrante espectáculo barroco de tumultuosa puesta en escena, pero sin alcanzar en ningún momento la gravedad que pretende.

Después del descubrimiento como actriz de la cantante Lady Gaga en Ha nacido una estrella, en ésta confirma que posee otros recursos, que puede asumir variadas tipologías. Adam Driver tampoco está mal. También aparecen pesos pesados como Al Pacino y Jeremy Irons para cubrir a los patriarcas del clan, así como un irreconocible Jared Leto y otros conocidos actores.

En la película, uno de los hijos del fundador de Gucci afirma con naturalidad y autoconvencimiento que su familia es comparable a los Borgia. Efectivamente ambas acumularon poder, riqueza e influencia, pero también se dieron entre ellos dentelladas de todo tipo, traiciones, conspiraciones, asesinatos. Los tenebrosos Borgia marcaron la Historia de Italia, sin embargo los tortuosos Gucci con su fastuoso negocio de trajes, zapatos y bolsos han pasado con rapidez así como ya está su firma en otras manos, otros gestores y otros creadores. Y esta cinta aporta relativamente poco a todo esto.

Total, que La casa Gucci no cierra la filmografía de Ridley Scott con el buen sello que la hubiera cerrado su mencionada El último duelo; habrá que esperar a su próxima, Kitbag, sobre Napoleón desde los ojos de su esposa Josefina.



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