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DOS WÉSTERN: UNO DEL SIGLO XX Y OTRO DEL XIX

DOS WÉSTERN: UNO DEL SIGLO XX Y OTRO DEL XIX 2 de Junio de 2021

Caballos, rifles y pistolas; brutal violencia; familia y firmes valores; intemperie, paisajes naturales y dolor humano; crueldad, desgarro y fidelidad; decencia y corrupción; y, cómo no, indios; relato y personajes entroncan con la épica del condenado a viajar y con el género cinematográfico norteamericano por antonomasia: el wéstern.

Por eso Uno de nosotros (USA 2020, 113 min.) es un wéstern clásico con un toque crepuscular, ambientado no en el lejano Oeste del siglo XIX, sino en el de los más cercanos años 1960. Aunque los trayectos físicos, esos que implican también los morales, se hagan en automóvil, su relato y sus personajes entroncan con la épica del condenado a viajar.

Basándose en una novela de L. Watson -veterano escritor de Dakota del Norte, donde se ambienta la historia-, el director T. Bezucha de la mano de los excelentes Diane Lane y Kevin Costner y con el cine de Clint Eastwood como meridiano referente (melodías sencillas y reiterativas de su música, luz tenue en los interiores marcando el crepúsculo de las vidas de sus criaturas, etc.), hacen una obra sólida y cálida en su clasicismo. Además es un buen thiller, tiene suspense. También como en obras mayores como Sin perdón, la gran violencia final es seca y certera. Y para ese trecho de la historia, junto a Lane y Costner, Bezucha ha reclutado a otros dos intérpretes magníficos: la arrolladora británica Lesley Manville, formidable en un papel que remite a las sangrientas madres del cine del Oeste más salvaje, y al inquietante secundario Jeffrey Donovan.

Los espectadores tendrán que olvidarse de su título español que no dice nada, cuando el original Let Him Go (“Déjalo ir”), y del pedestre lema de su cartel (“Lucha por tu familia”). Si lo logran, la recompensa es disfrutar de un auténtico wéstern.

Por otra parte, First Cow (USA 2019, 121 min.) la última película de K. Reichardt, figura crucial del cine independiente estadounidense, es un wéstern que arranca en un tiempo cercano al presente cuando una mujer pasea sola por el campo con su perro. Gracias a éste, descubre un enterramiento humano y en ese momento de extraña conexión y calma la película retrocede casi dos siglos, a principios del siglo XIX, para contarnos la historia de esos huesos.

Basada en una novela de J.Raymond, es una luminosa historia de amistad entre dos hombres y también una oscura fábula sobre el origen de los negocios y el mercado en la ruda conquista del Oeste. John Magaro y Orion Lee interpretan a los dos personajes principales, un cocinero ensimismado que malgasta su talento culinario alimentando a tramperos, y un inmigrante asiático con visión de futuro que sueña con abrir un hotel en San Francisco y dejar atrás la mala vida de los primeros asentamientos de Oregón.

La vaca del título, o mejor dicho la leche de esa vaca, se interpondrá entre los sueños de civilización de estos dos emprendedores y el propietario del animal, un comerciante de pieles llegado de Inglaterra que, casado con una distinguida mujer nativa, se ha convertido en el principal explotador de la zona.

Con minimalismo y aliento poético, reconstruye la incursión del hombre blanco en unos parajes frondosos con una asombrosa sencillez y veracidad. Su manera de observar la Naturaleza, de admirarla y abrazarla y eso incluye a la omnipresente vaca o a un altivo búho que todo lo observa desde una rama, son señas de identidad de un cine que se pregunta por las raíces de un territorio y su conquista, por la brutal violencia y codicia de quienes impusieron sus leyes, y por la huella en el presente de una epopeya que dos siglos después aguarda la reformulación de su mitología bajo tierra.



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