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La librería

28 Nov 1 comentarios

Cuando el amor a los libros expresa el amor verdadero a la vida

Isabel Coixet en La librería (España-Inglaterra, 2017, 110') adapta la novela homónima -excelente según muchos de los que la han leído- de Penelope Fitzgerald (1916-2000). Su temática podrá parecer leve, pues narra el empeño en 1959 de una joven viuda por abrir una librería en un pueblo de la costa británica con nula empatía hacia la necesidad de leer. A ella ese acto le sirve para suplir carencias afectivas, para soñar junto al mar con los personajes y los sentimientos que habitan los libros, esos objetos en los que siempre ocurren cosas. Los poderosos del lugar, depredadores detrás de sus modales aristocráticos, declararan una soterrada guerra a esa intrusa. Será ayudada en su laboriosa misión por una niña imaginativa e inteligente, y mantendrá una emocionante relación con un misántropo anciano que lleva cuarenta y cinco años encerrado en su mansión. La librera le descubrirá a Ray Bradbury, a Nabokov, que desafiará la moral convencional con la turbadora Lolita, etc., creándose hermosos vínculos entre estos dos náufragos.

Coixet consigue levantar una historia sensible, delicada y emotiva, contenida, como ya había sabido hacer brillantemente en otras ocasiones (piénsese por ejemplo en: Cosas que nunca te dije, Mi vida sin mí, La vida secreta de las palabras). La película puede parecer lenta, silenciosa, incluso distante. Habla, obviamente, del amor a los libros (en esa época ningún amante de ellos podría ni querría imaginar esa cosa tan gélida de nuestros tan utilizados e-book), pero, sobre todo, reflexiona críticamente sobre una pequeña comunidad humana que es un teatro del mundo, un microcosmos en el que habita la envidia, la mentira, la ambición, la avaricia, la lealtad, la traición… y en cuyo centro está esta mujer que es la caja de resonancia de todas esas pasiones y mezquindades humanas. Una mujer que conserva una memoria real del amor auténtico, que de alguna manera sigue vivo en su amor a los libros, a la verdad que habita dentro de ellos.

Estamos ante un "film de Isabel Coixet" y de ahí que la directora describa todo esto con su característica delicadeza y tono cercanos a la orfebrería. Imágenes, diálogos, silencios, pequeños y reveladores gestos, conviven en armonía, arropados por una atmósfera magnética y veraz.

Desde el punto de vista artístico está lograda, sin arriesgar fuera de los parámetros seguros del clasicismo, y muy ceñida a la elegancia británica de un filme de época (sobre todo con planos cortos y medios). Cuenta con unas interpretaciones excelentes -Emily Mortimer, Bill Nighy, Patricia Clarkson-, una delicada banda sonora y partitura del habitual de Coixet, Alfonso de Vilallonga, y una fotografía exquisita de Jean-Claude Larrieu, también compañero habitual de la cineasta.

Esta película habla de soledades y acorralamientos. Y lo hace con un lenguaje, unos matices, un tono y una gran capacidad de sugerencia. En el fondo es un homenaje a los resistentes, a los imbatibles, a los que persisten en lo que creen a pesar de nadar contracorriente.

Tiene su sitio entre las mejores películas de la cineasta catalana, española y por supuesto universal (por cierto, claramente posicionada contra el procés, lo que según algunos ha ayudado para su éxito de público).
 

(Créditos fotográficos: De José Maisterra - Green Films AIE, Diagonal TV, S.A.U. & A Contracorriente Films, S.L., CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=63999776)

 

1 comentarios

Narciso Cerdán 2 de décembre de 2017 / 10:53

Efectivamente, como dice Alfonso Esponera, en los tiempos de la película ningún amante de los libros podría ni querría imaginar esa cosa tan gélida de nuestros tan utilizados e-book. Pero es que además actualmente aún quedan pequeñas librerías como la del film. Te detienes ante su escaparate donde se exhiben las últimas novedades. Novelas, ensayos, viajes, historia, poesía, memorias, fotografía,... Si después de recrearte contemplando las portadas te decides a entrar, al abrir la puerta suena una campanilla y en un ámbito reducido, lleno de un silencio penetrado por ese ligero agradable olor que desprenden los libros nuevos, descubres en un rincón la figura, muchas veces una mujer, sentada a una mesa iluminada con una luz cálida. Ella sigue trabajando sin molestar. Ojeas, tocas los libros expuestos, algunos verdaderas obras de arte en papel impreso. Pero tal vez no encuentras el que buscas. Una breve insinuación bastará para que se disponga a ayudarte. Lo sabe absolutamente todo de ese libro, incluso conoce de qué trata. Está descatalogado, pero mañana mismo, si lo deseas, lo tendrá.
Las estadísticas informan que en 2016 en España el número de establecimientos de libros creció el 3,7% en un mercado en el que las grandes cadenas aumentaron sus beneficios y las pequeñas librerías empeoraron su situación. Las 3.967 existentes suponen que hay de media 8,5 por cada 100.000 españoles. Muy por encima de la UE (5,5), a pesar de que el índice de lectura de España es inferior a la media europea. Según los especialistas, esta diferencia obedece a que en países como Francia, Alemania y Holanda, la venta de libros se realiza en las grandes cadenas y por Amazon, lo que ha devorado al pequeño comercio, mientras que en España este modelo por ahora no se ha implantado plenamente.
¡Seamos pues agradecidos a estos heroicos resistentes que nos posibilitan gozar todavía de tan sanos placeres e iniciemos en ellos a las nuevas generaciones que sólo conocen lo electrónico y lo bastante impersonal de los grandes almacenes!.

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